Siempre hay una historia alternativa, la que queda detrás de la oficial en muchos aspectos. Una de ellas es la que se trata en las páginas 182-184 del libro Protestantismo y tolerancia en Aragón (1870-1990) de la Colección Aragón de Ed. Mira, escrito por SEBASTIÁN, BELLO y DE LA PIEDRA. Como no tengo todavía permiso para ponerlo aquí, os remito a la editorial (C/ Hnos. Gimeno 19, 50007 Zaz) o, mejor y más rápido, a mi librería preferida de Zaragoza: www.certeza.com o certeza@certeza.com . Pero, bueno, algún trocito creo que sí os puedo poner.

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EL SEXENIO REVOLUCIONARIO

Al amparo de las libertades proclamadas en la Constitución de 1869 se inician las primeras manifestaciones públicas del culto protestante en muchos lugares de España y, por supuesto, en Aragón. Esta Constitución concedía asimismo amplias libertades en materia religiosa (origen de una fuerte polémica y de un nuevo levantamiento carlista). El artículo 21 rezaba así:

"La nación se obliga a mantener el culto y los ministros de la religión católica. El ejercicio público o privado de cualquier otro culto queda garantizado a todos los extranjeros residentes en España, sin más limitaciones que las reglas universales de la moral y del derecho. Si algunos españoles profesaren otra religión que la católica, es aplicable a lo mismos todo lo dispuesto en el párrafo anterior".

El 20 de marzo de 1870 se inaugura una iglesia evangélica en Zaragoza que será la primera de Aragón. Podmos seguir una triple orientación en el desarrollo de la tolerancia en nuestras tierras: la actitud de las autoridades, de la sociedad y de la prensa. En este breve periodo de libertades ("El Sexenio Revolucionario") la actitud gubernamental es, como veremos, de cierta simpatía y protección hacia la capilla protestante: asistencia del Gobernador Civil a la inauguración de la misma, protección policial en determinados momentos o creación de un pequeño cementerio civil ante las protestas del clero católico, por la secularización de los camposantos. Un escritor evangélico recuerda el nombre que popularmente recibían estos cementerios civiles: "corralillo de criminales y suicidas".

Socialmente observamos desde una actitud de curiosidad que lleva a reuniones con una asistencia relativamente numerosa (aunque el número de los que se comprometen en las prácticas protestantes es mucho menor), hasta un claro rechazo por parte de círculos integristas que como veremos más adelante, llegan incluso a la agresión de miembros de la iglesia evangélica. En un semanario evangélico se comenta en relación con la fundación de la capilla de Zaragoza:

"Por demás estará el añadir, porque ello se supone, que los neos intentaron incendiar el local, y que en distintas ocasiones quisieron atropellar a D. José Eximeno. Pero la resolución firme de las autoridades de hacer respetar las leyes, y el apoyo decidido del elemento verdaderamente liberal de la invicta Zaragoza, impidieron que los fanáticos cometieran una de esas salvajadas que deshonran a una ciudad".